lunes, 6 de abril de 2015

Pan


El cielo gris nos riega con un persistente goteo desde hace días, arrojando la lluvia lentamente. Hace frío. De entre la gente, una mujer de aspecto sucio y desaliñado se acerca y en voz baja, con acento extranjero y hondo dolor en sus ojos oscuros, me pide "una ayuda". Niego con la cabeza y con lágrimas de vergüenza surcándole las mejillas, insiste: "Pan".
     
Le doy la espalda y sigo caminando hacia el juzgado. Su palabra resuena en mi oído largo tiempo.

Pan.

Huelo en la calle el hedor de la desesperación, veo cómo me acomete su carga de errores, pienso qué hacer, cómo, si yo nada poseo, y sigo mi camino asediado por acusaciones y culpas, porque sólo sé dar gracias, por esta vocación, por la fortuna inmensa de amar, por sentir que el destino es todavía la felicidad.

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