miércoles, 15 de abril de 2015

Límites y border-lines del Estado


El Estado no es quién para decidir lo que uno hace o no con su cuerpo. Así en el aborto, la eutanasia, las drogas, el sexo, el alimento, los libros, la música o cualquier otro uso o costumbre que no dañe a otro. No tiene derecho a dictar leyes para defender a los individuos de sí mismos. Sorprende que la mayoría de la gente resista (y elija) ser guiada a palos en la multitud. Es natural que los lobos y las hienas estén desatados, devorándonos como carroña de sumisión acumulada, de tanta fe como escaso amor propio. Que en el fondo son buenos, los políticos profesionales, dicen, que creamos en ellos, que su actividad es digna y necesaria, pero convierte la vida en mierda pese a que la vida está llena de milagros a los que ellos son ajenos, los que mandan y legislan, Mefistófeles palidece ante ellos.






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