sábado, 11 de abril de 2015

Caminos infinitos


La oligarquía de partidos cada vez más maniquea, embustera y corrupta que padecemos obliga con frecuencia a que el poder sea asumido por irresponsables. Es nuestra enfermedad política. Y se extiende cobrando tal magnitud que parece no haber forma de remediarlo sin recurrir a la violencia, pues los irresponsables que nos gobiernan no reconocen las tropelías que necesariamente perpetran para llegar a donde están, ni se avienen a hacer las modificaciones legislativas que permitirían vivir sin someternos a más autoridad que la del autogobierno. Pese a todo, no merece la pena hacer uso de la violencia, ni siquiera contra este poder ávido y frívolo que día tras día se nos impone, marcándonos la derrota. Esa manía sempiterna de control, pretender que las cosas sean de esta o aquella manera, sin jamás dejarlas ser lo que quiera que sean, convierte la historia del ser humano en la historia de su fracaso como animal político. Se diría que la libertad de expresión es el único ámbito de libertad política que queda, pero aun esto será por poco tiempo. Sin embargo, también hay vida al margen del poder, y más rica y habitable, sólo es preciso buscarla. Los caminos de la libertad son infinitos y desconocemos la mayoría de ellos.




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