miércoles, 15 de abril de 2015

Límites y border-lines del Estado


El Estado no es quién para decidir lo que uno hace o no con su cuerpo. Así en el aborto, la eutanasia, las drogas, el sexo, el alimento, los libros, la música o cualquier otro uso o costumbre que no dañe a otro. No tiene derecho a dictar leyes para defender a los individuos de sí mismos. Sorprende que la mayoría de la gente resista (y elija) ser guiada a palos en la multitud. Es natural que los lobos y las hienas estén desatados, devorándonos como carroña de sumisión acumulada, de tanta fe como escaso amor propio. Que en el fondo son buenos, los políticos profesionales, dicen, que creamos en ellos, que su actividad es digna y necesaria, pero convierte la vida en mierda pese a que la vida está llena de milagros a los que ellos son ajenos, los que mandan y legislan, Mefistófeles palidece ante ellos.






sábado, 11 de abril de 2015

Caminos infinitos


La oligarquía de partidos cada vez más maniquea, embustera y corrupta que padecemos obliga con frecuencia a que el poder sea asumido por irresponsables. Es nuestra enfermedad política. Y se extiende cobrando tal magnitud que parece no haber forma de remediarlo sin recurrir a la violencia, pues los irresponsables que nos gobiernan no reconocen las tropelías que necesariamente perpetran para llegar a donde están, ni se avienen a hacer las modificaciones legislativas que permitirían vivir sin someternos a más autoridad que la del autogobierno. Pese a todo, no merece la pena hacer uso de la violencia, ni siquiera contra este poder ávido y frívolo que día tras día se nos impone, marcándonos la derrota. Esa manía sempiterna de control, pretender que las cosas sean de esta o aquella manera, sin jamás dejarlas ser lo que quiera que sean, convierte la historia del ser humano en la historia de su fracaso como animal político. Se diría que la libertad de expresión es el único ámbito de libertad política que queda, pero aun esto será por poco tiempo. Sin embargo, también hay vida al margen del poder, y más rica y habitable, sólo es preciso buscarla. Los caminos de la libertad son infinitos y desconocemos la mayoría de ellos.




lunes, 6 de abril de 2015

Pan


El cielo gris nos riega con un persistente goteo desde hace días, arrojando la lluvia lentamente. Hace frío. De entre la gente, una mujer de aspecto sucio y desaliñado se acerca y en voz baja, con acento extranjero y hondo dolor en sus ojos oscuros, me pide "una ayuda". Niego con la cabeza y con lágrimas de vergüenza surcándole las mejillas, insiste: "Pan".
     
Le doy la espalda y sigo caminando hacia el juzgado. Su palabra resuena en mi oído largo tiempo.

Pan.

Huelo en la calle el hedor de la desesperación, veo cómo me acomete su carga de errores, pienso qué hacer, cómo, si yo nada poseo, y sigo mi camino asediado por acusaciones y culpas, porque sólo sé dar gracias, por esta vocación, por la fortuna inmensa de amar, por sentir que el destino es todavía la felicidad.