sábado, 28 de febrero de 2015

La ley electoral. Nota al pie de Pantanosa.




     «La ley orgánica 5/1985, de 19 de junio, del régimen electoral general, reguladora del principal medio de expresión de la voluntad popular, constituía un ejemplo modélico de la mala fe que se desprendía de todos y cada uno de los actos del legislador. Establecía tantos límites y condiciones a la voz de los ciudadanos y estaba redactada en unos términos tan retorcidos que, incluso como texto jurídico, resultaba anormalmente perverso. En concreto, el título III de dicha ley articulaba un método de interpretación y administración de los votos del cual se deducía inequívocamente la desconfianza que el poder profesaba al pueblo. Si uno ponía a prueba su paciencia el tiempo suficiente, terminaba por averiguar que la ley arbitraba un sistema electoral, llamado mixto, de lo más curioso. En resumen, la norma ordenaba lo que sigue:
     »El 30% de los escaños del parlamento se distribuía territorialmente, adjudicando a cada territorio una cuota fija de representación independientemente de su número de habitantes; a priori, correspondían dos escaños a cada circunscripción electoral -ya contase con un censo de diez millones de ciudadanos como de diez mil-, excepto para Ceuta y Melilla, que solamente tenían garantizado un escaño cada una. El 70% de escaños restante se repartía según el criterio de proporcionalidad, pero de una forma tan tortuosa que, en la práctica, el principio democrático de “una persona, un voto”, quedaba hecho añicos y el voto de cada persona pesaba más o menos dependiendo del territorio donde fuera otorgado y del partido al cual fuera otorgado. El objetivo de la ley,–-socavar la influencia de los partidos minoritarios aunque estuvieran implantados en todo el territorio del estado para reservar el gobierno sólo a aquellos partidos que fueran mayoritarios en todo el territorio-, hacía una única concesión: sobredimensionar la representación parlamentaria de partidos minoritarios que, al tiempo, resultasen mayoritarios en un territorio determinado, influencia que dichas minorías aumentaban cuanto mayor fuera la población de ese territorio. Así, un partido minoritario con apoyos dispersos a lo largo y ancho de todo el estado podía llegar a necesitar diez veces más votos para obtener un escaño que un partido minoritario ampliamente respaldado en un territorio específico. Solamente en el caso de que la población se concentrase en megalópolis de decenas de millones de ciudadanos, o en caso de que partidos implantados sólo en territorios precisos acaparasen el voto de sus respectivas circunscripciones y los partidos con implantación en todo el territorio del estado resultaran invariablemente minoritarios en cada concreta circunscripción, solamente en esos casos hipotéticos podían las elecciones arrojar un resultado que impidiese lo que en efecto sucedía, que los partidos mayoritarios con apoyo en todo el estado consiguieran escaños por muchos menos votos de los que costaba cada escaño a los partidos minoritarios no constreñidos a un territorio concreto.
     »El único resultado deseable que cabía esperar de semejante galimatías consistía en que el 97% de los votos depositados en cada circunscripción fuesen votos en blanco. Empero, de no alcanzar esa práctica unanimidad, el voto en blanco era computado, cómo no, torticeramente, de forma que afianzase aún más las mayorías de su circunscripción. Y de potencial voto subversivo pasaba a trocarse justamente en lo contrario, en adhesión a las mayorías a la vez que en detrimento para las minorías.»


Pantanosa, págs 315-316.

Imagen de Claudio Aldaz Casanova.

viernes, 13 de febrero de 2015

El oro de los tigres, una antología de José María Álvarez





   En su imprescindible ensayo La emboscadura, Ernst Jünger se pregunta: «¿Qué puede hacer el ser humano en presencia de la catástrofe y en el interior de ella?»

   He aquí una respuesta certera a ese interrogante.
   Puede cultivar el placer, gozar los lujos infinitos del arte y los increíbles milagros de la naturaleza, la belleza.

   Quienes aún no hayan leído a José María Álvarez tienen ahora la ocasión idónea para iniciarse. El oro de los tigres es la primera antología editada en España de este poeta que se dio a conocer con los Novísimos y ha corrido incansable mil venturas exprimiendo el botín del mundo, labrando como un orfebre un libro majestuoso y mítico, una obra maestra de la poesía contemporánea, Museo de cera, al tiempo que conformaba su vida de escritor y hombre libre. Es digno de respeto que sea una joven editorial de su ciudad natal la que emprende la tarea. Noelia Illán ha confeccionado para Balduque una selección excelente. Rescata un José María Álvarez muy puro, donde se destilan algunas de sus esencias más hondas. Prescinde de las obras en prosa y evita la tentación de escoger solamente las cumbres de una labor que consta ya de cuatro títulos además del mencionado Museo de cera. Sobre la delicadeza de gusto y pasión, Bebiendo al claro de luna entre las ruinas, Los obscuros leopardos de la luna y Como la luz de la luna en un martini, publicados todos por la editorial sevillana Renacimiento. 
   Aquí se muestran los versos de Álvarez sugeridos por ciudades y viajes o que de una u otra manera se refieren a ello, y bien se ve que con él casi siempre es así, puesto que su experiencia y concepto del viaje y las ciudades son tan complejos y extensos que acaban por erigirse en categorías filosóficas. Aquí no está Álvarez entero, sino una variada y sustanciosa lectura de ese particular aspecto de sus poemas. Hecha, como declara la editora, sin más criterio ni guía que la mayor libertad. Pero de tal manera que París, Roma, Istambul, New York, Venecia, Atenas, El Cairo, las joyas del arte que guardan como madres, esposas, hijas, diosas o putas, y las gentes, los mares y desiertos de la travesía, proyectan lo global, sintetizan con perspicacia al autor y su rica y singular visión del mundo, una visión lúcida, consciente de los avatares históricos, naturalmente desengañada, y, no obstante, en pleno ejercicio de una viva libertad, decididamente clásica, absolutamente joven y absolutamente moderna.
   La portada del libro es otro ejemplo de esta Cartagena cosmopolita, José María Álvarez en Estambul, un retrato soberbio de Charris.
   



GULLIVER´S TRAVELS



Mi visita tiene a la vez un carácter privado y oficial. 
Un hombre de ciencia le llamaría anfibio.

RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN


Las gentes honradas se hacen ahorcar lejos de su país.

GIACOMO CASANOVA



In memoriam Charles Louis de Secondat,
Barón de la Brède y de Montesquieu


VENDRÁN. Forzarán
la puerta. Y todo aquello
que amas será humo
con el de tus libros.
Y aún da gracias
si salvas la piel...
Mas si pudieras
huir, no mires
atrás, gana
la frontera, en otra tierra
levanta tu casa, y otra vez
hazte de libros, pon en pie
el antiguo templo de la Sabiduría.
Y aprovecha el tiempo, antes
de que entren. Y si puedes
salvarte, huye, no mires
atrás, y en otra tierra...