martes, 7 de octubre de 2014

Ahí y entonces


El Escritor. Javier Gª Herrero


"Nada observaba una expresión unívoca. La realidad se componía de misteriosas combinaciones y mis sentidos sólo alcanzaban a aprehender, arbitrariamente, un segmento ínfimo del torbellino. Uno podía, como Cortázar, evitar explicaciones y recrearse en esa magia, pero hacía falta una imaginación portentosa, de la cual yo no estaba dotado. La fantasía desplegada en Casa tomada, La autopista del sur, y La noche boca arriba, estaba fuera de mi alcance. A lo sumo, comprendía al protagonista de Una flor amarilla, pues no pocas veces me ocurría que el menor detalle, aparentemente fútil, efímero, me abría un acceso a estratos de la cotidianidad cuya profundidad aumentaba a medida que penetraba, amenazando con cancelar la puerta de regreso y pulverizarme a fuerza de fascinación. Aquellos relatos, que leí en la edición preparada por el propio Cortázar en cuatro volúmenes antes de morir, me dejaron una gruesa cicatriz. Ritos, Juegos, Pasajes y Ahí y ahora, más que títulos, conformaban la secuencia donde se reflejaba mi devenir. Sueños y pesadillas cuya resolución, tantas veces abrupta, no destapaba una racionalidad postergada, pero sí permitía mi comprensión como lector, suscitándome una interpretación metafórica que quizá no fuese ordenada, ni coherente, y que sin embargo me parecía realista."


Pantanosa, págs. 99-100.



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