viernes, 11 de abril de 2014

Troppo vero


El dinero es poco.

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Uno de los motivos para comprar también novedades reside en que del torrente salen libros buenos. Si se acierta, algunos de éstos, aunque difícilmente lleguen luego a clásicos, pueden intercambiarse en préstamo con los amigos por dos, incluso tres (otras) novedades que uno sabe a ciencia cierta que no comprará -que no puede ni debe comprar- pero quiere leer.

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Soñé con Umbral hace unos días, aunque apenas lo he leído; a veces, en la última página de El Mundo, en los noventa... Lo vi muy vivo, pero viejo, arrugado, casi podrida la piel blanca de la cara, llena de manchas, surcos y pústulas brillantes. Fumaba, bebía y hablaba sin cesar. Su voz sonaba queda. Caminando de un sitio a otro, bajo las altas ramas y sentados en salones inundados de humo y luz amarilla, embutido en su abrigo marrón, levantaba un bastón negro, señalando callejones y paredes, roja la bufanda, con los gruesos lentes de montura de nácar delante de sus ojos risueños. Tan apagada la voz que no le oí, no sé qué dijo.

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La vanidad hegeliana de nuestra época es fruto de una lógica y feroz autocrítica, contraria a las evidentes injusticias, y, sin embargo, socialmente reprimida, de manera que casi siempre actúa de manera inconsciente.   




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